Incapaz de aceptar que
Celestia no era más que un manojo de
compuestos químicos agrupados por la
casualidad en un universo fuera de control,
empecé a creer. Para agradecer por
su hermosa cara y su forma encantadora de
ser, comencé a levantarme temprano
y llevarla puerta por puerta con un cartel
colgado del cuello que preguntaba "¿Compuestos
químicos. Soy eso nomás?"
"Mírela —les digo—
y saque sus propias conclusión".
A veces nos echan, pero
comúnmente apenas refunfuñan
un "Para mí, sí."
y nos dan un portazo en la cara. |