No tengo penas, ni tengo amores,
entonces (y así) no sufro de sinsabores.
Con todo el mundo estoy a mano; como no juego,
ni pierdo ni gano. No tengo mucho, ni tengo poco;
como no opino, no me equivoco; y como metas yo
no me trazo, nunca supe lo que es un fracaso.
Alegría y tristeza es lo mismo para mí
que no me interesa sentir. Porque en el ángulo
de la vida yo he decidido ser la bisectriz. No
me involucro en una pareja, y así no sufro
cuando me dejan. A nadie quise jamás en
serio, y entonces nunca lloro en los entierros.
No me pasa nada si no me muevo; por eso todo me
chupa un huevo. Y no me mata la indecisión,
si should I stay or should I go. Ojos que no ven,
corazón que no siente, dijo un ciego cornudo
una vez. Yo no soy como Hamlet Perez; no me importa
nada si ser o no ser. Dirán algunos “¡Ay,
que insensible!"; otros diran “¡que
vacío y simple!”; y esas palabras se las
lleva el viento: como no escucho, no me caliento.
No estuve arriba ni abajo; ya ni mejoro ni voy
a empeorar; y como nunca empiezo nada, no me pone
ansioso poder acabar. Así soy yo.